Los isleños, la esencia del rugby mundial

Los isleños, la esencia del rugby mundial

No hace falta ir a Fiji, Tonga o Samoa para ver al típico jugador polinesio. Las masivas migraciones generaron que toda su cultura desembarque en diversos países. Tal es así que en la última copa del mundo el 24% de los 620 jugadores tienen descendencia de las islas. Todas las luces están puestas en los hemisferios que dominan la escena mundial del rugby, pero no hay que olvidar a las tierras que le aportan un sabor distinto al show.

Jonah Lomu y Billy Vunipola: ¿Qué tienen en común? Una arrasadora potencia física, quizás. Aunque el wing que vislumbro al mundo entero con sus 7 tries en la RWC de 1995 le aportaba a este atributo una cuota de velocidad a su juego que le daba una mezcla totalmente explosiva y revolucionaria al rugby de aquella época.

A decir verdad, de cualquier época. Los dos representaron a diferentes seleccionados (Bily lo hizo para Inglaterra). Entonces, ¿Qué hace que dos jugadores de hemisferios distintos, con 17  años de diferencia tengan algún punto de similitud? Ambos tenían padres Tonganos, incluso el de Vunipola capitaneó a su país con la ovalada en mano. ¿Coincidencia? Podría decirse que sí, de tratarse solamente de algunos casos aislados.


Pero si nos remontamos  a la última planilla del mundial y vemos que de todos los jugadores que estuvieron en Japón, el 24% nació en las islas o tiene padres que provienen de allí, ya no hablamos de casualidad. La esencia de los isleños recorre todas las raíces del rugby a nivel mundial.



Tres cuartas partes del mundo están cubiertas por el océano pacífico. De esos diez mil metros de profundidad emergen las cumbres más altas, que solamente exhiben una pequeña porción por encima de la superficie. Increíble pensar que en esos pequeños sedimentos de tierra nacen los prototipos ideales de jugadores, los famosos isleños: Dueños de un físico imponente y una fuerza temerosa, heredadas de su historia y sus antepasados, estas personas respiran el rugby en cada esquina que conforman sus países.


La religión y la ovalada van de la mano. Representa lo que el fútbol en cada potrero de Argentina. Entonces, si tienen la pasión y la materia prima ¿Por qué no son potencias a nivel mundial dentro de la cancha? La respuesta abarca múltiples aristas. La primera es la falta de una estructura deportiva sólida que arrope a estos jugadores. La segunda, y quizás la más importante, es la emigración de la población en búsqueda de un mejor estilo de vida o de cumplir sus sueños deportivos. Ahí es entonces donde aparecen Australia y Nueva Zelanda, entre otros países, como principales radares para recibirlos. No solamente los tientan con un estilo de vida totalmente distinto, sino también con la posibilidad de un desarrollo deportivo todavía superior al que pueden imaginar.  No es casual entonces que estos dos países sean los que en la última RWC presentaron mayoría de jugadores con ascendencia de las islas. De 2000 a 5000 kilómetros los separan de las tierras en donde es posible proyectar una nueva vida.



El caso de los Wallabies es impactante: seis jugadores que estuvieron bajo las ordenes de Michael Cheika nacieron en Fiji, Samoa o Tonga, mientras que diez tienen padres que proceden de allí, varios incluso con pasado en su selección, como el de Mat Toomua, Jordan Petaia, Scott Sio, Alan Alalaatoa o el de Adam Colleman. La mitad de ese plantel tenía una influencia directamente isleña Australia no solamente combina varias facetas del juego, sino también sus orígenes.



Nueva Zelanda también es otro faro para los jóvenes que se permiten soñar en los potreros de Suva, Nukualofa o Apia. El rugby en su estado de perfección está cruzando el océano. La idea de vestir la histórica y gloriosa camiseta negra o de ser parte de cualquier franquicia Neozelandesa seduce a cualquiera. Las destrezas con pelota en mano son una marca registrada en ese país y se absorben a temprana edad. Se puede decir que las tierras kiwis son una fábrica dedicada a pulir diamantes en bruto. Y que mejor diamante que uno polinesio. Esta fusión de materia prima y trabajo de perfeccionamiento siempre dio buenos réditos. El transcurso de los años y los jugadores que han llamado la atención del mundo entero lo demuestran.



De esta forma llegó al 2019, con cuatro jugadores que nacieron en las islas, entre los que se destaca Sevu Reece (fiji), una de las recientes apariciones en el rugby maorí. El wing de veintitrés años generó sensación en los kiwis tras ser el tryman del pasado Super Rugby  con quince anotaciones. Clave y decisivo para que los Crusaders sean nuevamente campeones, Steve Hansen no dudó en catapultarlo a los All Blacks y que, además, arme sus valijas para ser una de las sorpresas en Japón. Nada más y nada menos que Richie Mo´unga, Rieko Ioane y Ardie Savea son tres de los seis jugadores con ascendencia polinesia.



Japón (9) y Estados Unidos (7) completan la lista de las selecciones con más jugadores del estilo tongano, samoano y fijiano en la última cita mundialista. La primera difícilmente elija a este tipo de jugadores por una cuestión cultural o de migración. Con la premisa de evolucionar en su juego, sus incorporaciones le dan otra impronta a la táctica nipona, una que no tenía en años anteriores. Por otra parte, Norteamérica es otra de las opciones que seducen en el abanico a la hora de buscar un mejor estilo de vida.



Europa no está exento de este éxodo: Manu Tuilagui es el jugador más idolatrado por los samoanos en el último tiempo. Figura de la Premiership y pieza clave en el centro de la cancha de la rosa, su historia no hace más que enorgullecer y alimentar los sueños de su pueblo natal.  Virimi Vakatawa y Aliverti Raka (ambos nacidos en Fiji) son otros de los exponentes que, en Francia, siguieron el mismo camino que Manu.



Bundee Aki (Irlanda) y Mako y Billy Vunipola (Inglaterra) son otro caso particular: Los primeros dos nacieron en Nueva Zelanda, mientras que el último lo hizo en Australia. Pero los tres tienen padres isleños, incluso Fe´ao Vunipola fue capitán de la Selección de Tonga y un histórico jugador.



Wallis y Fotuna es un grupo de tres islas tropicales ubicadas en las cercanías de Fiji y Samoa. Lo curioso es que los padres de Sébastien Vahaamahina, Emerick Setiano y Chritopher Tolofua, todos representantes de los galos, provienen de esa colectividad de ultramar francesa.



Si hay rugby del mejor nivel, ellos dicen presente. No importa el país o la camiseta. La esencia de los isleños sin lugar a dudas está implantada en lo más profundo del rugby mundial. Los ciento cincuenta jugadores que estuvieron en Japón y tienen sangre polinesia (76 nacieron allí y 74 tienen ascendencia) son solo una pequeña muestra. La cantidad que se expande por las ligas top es todavía superior. Llevan el rugby en sus venas, en cada parte de su cuerpo. Fueron concebidos para jugar a este deporte y mostrarles al planeta entero que a veces el talento está en donde no apuntan todas las luces del show.

Por: Julián Isella 
@julianisella

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